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Tuesday, October 25, 2011

Hay que ver… Tengo que estar febril para ponerme a escribir.

Tal vez porque cuando el catarro o la gripe te postra por unos días, y te aletarga de todo cuanto te rodea que no sea tu domicilio, es cuando más te pones a analizar el momento y la situación que vives.

Y a mi, que habitualmente me bulle tanto la sesera que me enzarzo en tertulias políticas de barra de bar ante una jarra de cerveza, estos momentos a solas conmigo me motivan un montón.

Lo cierto es que pensando y pensando, me ha venido la utópica idea de que el momento político, social, laboral y económico que estamos atravesando, y cuyo fondo aún no divisamos, creo que sería el más propicio para el nacimiento de un nuevo partido o grupo “A-político”.

Me explico: Un grupo en el que se valore el trabajo, la experiencia y los logros de las personas, sin cabida para otra cosa que no sean las metas propuestas.

Un grupo sin protagonistas, sin jefes de gobierno, sino portavoces en periodos alternativos para evitar el endiosamiento de sus integrantes.

Un grupo en permanente crisis gubernativa, para que ninguno de sus integrantes se apoltrone y se duerma, so pena de ser sustituido inmediatamente si no cumple con su trabajo.

Un grupo en cuyo gobierno la responsabilidad fuese tan compartida y secreta que permitiese que sus integrantes pudiesen, por desconocimiento personal del pueblo, salir a la calle sin escoltas por no precisarlos; ir de compras o a divertirse con su familia; estar en suma, en contacto diario con ese pueblo por el que deben trabajar, conociendo de primera mano sus inquietudes, su forma de vida, sus ideas…

Un grupo que no se basase en las encuestas sino en el estado general del país

Un gobierno sin banco azul en el Congreso, salvo para el portavoz si se quiere; Un Congreso sin escaños nominados para evitar o enmendar el transfuguismo; Un Gobierno sin sueldos de por vida, cuyos miembros trabajen con la motivación de cualquier ciudadano y la satisfacción del deber cumplido, a sabiendas que todos nos beneficiamos de ese trabajo.

Un Gobierno que firme en conjunto, sin miedo a las políticas globales que nos hipotecan lo poco que nos quede; sin miedo a los gobiernos de otros países con más recursos económicos, haciendo valer nuestro empobrecido patrimonio, y defendiendo con uñas y dientes nuestro pueblo, nuestros productos, nuestros servicios; en definitiva, nuestra tierra.

Capaz de poner en jaque a quienes injustamente nos injurien y pedir responsabilidades por ello (Caso del pepino); Capaz de tomar decisiones coherentes que no hagan pagar siempre a los mismos, y de volver a hacer creer al pueblo por sus logros en el sentido de la responsabilidad, en vez de atemorizarlo con la injusta vara de medir que perjudica siempre a las clases sociales que no pueden protegerse, y que son vilmente masacradas actualmente; manipuladas de tal forma, que ni tan siquiera el pago de su sudor está a salvo en una cuenta corriente que puede ser vaciada por una administración injusta a golpe de resolución ejecutiva sin posibilidad de apelación, incluso cuando ya en esas cuentas no hay nada, tan solo para crear activos fantasma que ilusionen a los más incautos.

Eso… entre miles de otras cosas que darían para escribir toda una vida.

Un gobierno en suma, que jamás verá la luz porque sería demasiado “del y para el pueblo”, y eso no vende.

¿A que es una bonita utopía?

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