Tal vez, quien lea esto, y haya sido golpeado por el
terrorismo pueda sentirse dolido y ponerme
parir. Y vaya por delante mi eterno convencimiento de que ninguna
religión puede ni debe albergar a
quienes atenten contra el derecho inalienable de todo ser humano a la vida, y
por tanto, estoy convencidamente en contra de cualquier movimiento sea
Islamista, tribal, étnico, o de cualquier otra índole que intente vulnerar ese
derecho.
Dicho esto, se plantea en el
aire una cuestión para mi sumamente importante, que no es otra que la de cómo
erradicar el terrorismo de cualquier procedencia.
Los supuestamente islamistas radicales (jamás la religión islámica), infringen el mayor daño posible contra los que somos para ellos “infieles”,
y tratan e incluso se alaban entre ellos de inmolarse en las matanzas que
provocan.
Nos alegramos cuando se les elimina o cuando perecen en
sus intentos a veces sin daños a otras personas. Pero eso lo que consigue, a mi juicio y
opinión, es crear mártires en su causa, y que según la enseñanza recibida se
les venere como soldados fallecidos en nombre de su inaceptable lucha.
Sé que es sumamente difícil, pero los avances
tecnológicos en investigación; las tácticas de infiltración, y los medios con
los que hoy en día se cuenta a nivel de estados, deberían ser capaces de
prevenir gran cantidad de atentados por una parte, y en segundo lugar intentar
por todos los medios que tales terroristas no consigan uno de sus propósitos
(morir en el atentado que perpetran) sino ser detenidos, juzgados y
encarcelados de por vida. Pero no para
estar simplemente encerrados en una celda, sino para realizar durante el resto
de su vida y obligadamente el trabajo que para su religión se considere el más
degradante, permitiéndoles tan solo el descanso necesario para recuperar
fuerzas y seguir trabajando, haciéndoles saber que el producto de ese trabajo
no revertirá jamás en reducciones de condena ni en privilegio alguno, sino que
irá a parar a las familias afectadas por sus actos íntegramente, hasta que mueran
de viejos.
Impedirles en lo posible cualquier práctica de su
religión (me refiero a la versión adulterada de la misma que conocen) en su
cautiverio, y si se les sorprende en sus periodos de descanso, suspender ese
periodo y que siga trabajando, de manera que pueda llegar a conocer
verdaderamente la consecuencia de sus actos, y la diferencia entre la vida real
y las enseñanzas que les han inculcado habitualmente aquellos que no exponen
nunca su vida porque son los maestros.
Digo esto porque ser islámico, para mi no tiene nada que
ver con ser radical islamista. Conozco a
mucha gente islámica que en sus creencias mantienen ese respeto y, si bien alguna
de sus costumbres ancestrales vulnera ciertos derechos del individuo que
considero básicos, no atenta literalmente contra la vida de nadie. Es obvio que según la interpretación de cada
pueblo o tribu o estado, estas costumbres pueden ser más o menos radicales o
tolerables.
De cualquier modo, independientemente de las religiones
que hoy día se practiquen, se hace necesaria a nivel mundial una unificación de
criterios de valores mínimos, que permitan el desarrollo del individuo como
tal, en libertad tanto propia como de sus semejantes.
Puede que todo esto parezca “retorcido”, fruto de la
rabia y frustración que siento tras los atentados de Barcelona y Cambrils, que
se suman a la larga lista de sucesos de este tipo en Europa y otras partes del
mundo en las últimas décadas, pero éste pensamiento, me asalta no sólo de
ahora, sino desde los tiempos de ETA, en los que no comprendía (Y sigo sin
comprender) como quienes mataban a sangre fría podían gozar de algún privilegio
carcelario, y a la vuelta de quince años, volver a campar por el mundo, incluso
habiendo adquirido derechos como los ciudadanos a los que mataron.
Está para mi demostrado, que uno de los problemas de
nuestra Sociedad más importantes es la falta de ética y educación. Y se extiende como una pandemia a lo largo y
ancho de todo el mundo.
No pretendo volver a la época de las cruzadas porque no
son para mí la solución. Al fin y al
cabo, es una forma de llamarle a lo que están haciendo los Islamistas
radicales, y seríamos como ellos, pero pienso que con los medios con los que se
cuenta hoy en día, los delincuentes son tratados “a cuerpo de rey” o torturados,
cosa que no produce el efecto de que conozcan el verdadero alcance de los
delitos que han cometido.
Un ejemplo sería que a un narcotraticante, cuando se le
encarcele, se le aplique lo mismo que el promovió, una cantidad adictica de la
misma droga que el vendió hasta hacerle irremisiblemente adicto y cortarle el
suministro, para que sienta los efectos como un despojo humano que el ha
provocado en otras miles de personas.
Eso, una y otra vez, y dar conocimiento de ello a la opinión pública
para su difusión. Y mostrarles en
imágenes en su peor estado, a fin de que quién piense cometer ese mismo delito,
sepa lo que le espera cuando sea detenido y encarcelado.
Creo firmemente que esas medidas disuasorias detendrían
el progreso delictivo o lo ralentizarían en gran medida. En estos casos el
delincuente probaría los efectos de su propio producto y perdería, como les
pasa a los adictos, su propia voluntad, hasta el punto de querer acabar el
mismo con su existencia, cosa que no se debe permitir si se quiere ejemplarizar
el modo de castigo.
De poco sirve un aislamiento social, que tiene el riesgo
de encontrar (como casi siempre ocurre) una manzana podrida dentro del grupo de
vigilancia, o una fisura en el sistema, que permita que el encarcelado huya o
se escape y tenga una nueva oportunidad para seguir delinquiendo.
Si por el contrario, con su propio producto del delito se
anula su voluntad, se consiguen dos cosas positivas: La primera, sacar
definitivamente a un delincuente de circulación. Y la segunda, mostrar a los posibles
delincuentes en ciernes, el ejemplar castigo que recibirán con su propio medio
de vida.
A los enfermos se les trata médicamente para
reintegrarles en lo posible su calidad de vida.
Esta Sociedad está enferma de avaricia, de codicia, de
corrupción de poder, de insensibilidad y de desprecio por la propia vida
humana. Son tantos los males que le
aquejan que, si no ponemos remedio, esta Sociedad morirá irremisiblemente.
Sin embargo, hay un fondo mágicamente incuestionable, y
es que la gran mayoría sigue apostando por el derecho a la vida, y por tanto,
creo que tenemos solución…… aún!!!
